El que desprecia el azar

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Los dados. Las cartas de evento. El orden de aparición de las fases. Esa loseta que falta y que nunca sale. Son elementos que, esencialmente y exceptuando la trampa, el ser humano no puede controlar. Del mismo modo que no pude controlar una fuerte tormenta, la órbita de un cometa, cuándo cambiará la dirección del viento o cuándo su salud dejará de responder.

Si bien un día ya se habló aquí de emplear el azar como excusa ante la derrota, la presente entrada se propone hablar del jugador que, directamente, huye de esos juegos que tienen eventos aleatorios, posiblemente por su fobia al caos y por su impotencia a la hora de sentir que hay cosas que escapan de su control. Un jugador que rechaza los dados con un punto de manía persecutoria. De corazón muy noble, todo hay que decirlo. Quiere que la victoria, la consiga quien la consiga, sea justa e inapelable, y que no pueda atribuirse a sucesos dependientes del azar o a circunstacias que, de no producirse, habrían desviado la victoria hacia otro lado.

Durante muchos años, este humilde bloguero ha sido detractor del azar. Los juegos deben ser un combate entre dos mentes, pensaba. No puede ser que una victoria o una derrota dependa de una tirada de dados. Pero posteriormente, en una reflexión un poco más fría y meditada, aparece una pregunta mucho más importante, más básica que cualquier consideración lúdica. ¿Qué nivel de azar existe en la vida?

Lo básico: al nacer, lanzamos un dado de 200 millones de caras, que determinará en qué lugar y en qué época (sí, eso también cuenta) vamos a nacer. Posteriormente, tomamos cartas de evento aleatorias de una baraja de cerca de 6.000 millones de naipes, que determinarán quiénes son nuestros progenitores, y con ello, qué hogar nos dará cobijo y en qué ambiente creceremos. Añadamos unas cuantas losetas de genética, que posiblemente condicionen nuestro carácter, nuestra salud y nuestras posibilidades. Ya hemos definido con esto millones de hechos circunstanciales totalmente aleatorios, y eso que aún no hemos siquiera nacido.

Entonces… ¿por qué minimizar el azar en los juegos? ¿Eso hará nuestra estrategia menos brillante? ¿No tendrá el mismo mérito, o incluso más, una victoria que nos haya obligado a adaptarnos a las circunstancias de cada momento? ¿No consiste la vida, precisamente, en demostrar un hábil manejo y una camaleónica adaptación ante situaciones azarosas?

Ignoro en qué grado influye la propia voluntad del individuo en este trocito del Universo llamado mundo. Podría llenar esta página con citas y citas de los más célebres pensadores y sus apreciaciones acerca del azar: desde los que niegan su existencia hasta los que lo elevan a la categoría de divinidad; y aún así sería imposible llegar a una evidente conclusión. El debate es probablemente infinito y no es pretensión del autor retomarlo ahora.

Sin embargo, creer que en nuestras vidas todo es controlable, pensar que “la suerte es de quien la busca” y postularse como amo y señor del propio destino vital es algo que sólo puede hacerse desde una gigantesca soberbia. O desde el más profundo desagradecimiento, que viene a ser peor.

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Publicado el 30 enero 2013 en Azar, General y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 8 comentarios.

  1. Buah, el que está en contra del ázar en los juegos se pierde el jugarte la victoria a una última tirada de dado desesperada con un 25% de posibilidades de pasarla, sintiendo que el corazón se te va a salir por la boca mientras el dado va rodando hasta quedarse quieto.

    Y ver que lo has conseguido: Has ganado a los putos cylon en el Battlestar Galactica consiguiendo hacer un último salto a la velocidad de la luz con éxito y sin perder las pocas naves con población que te quedaban con vida.

    Pegar un grito y empezar a chocar palmas con tus compañeros humanos mientras los cylon se van a un rincón con la cabeza gacha a lamerse sus heridas.

    Eso, señores, no tiene precio 😀

    • Saludos, Sergio 😉

      Has puesto sobre la mesa un tema que yo no menciono, las emociones que provoca el azar. Eso iba a ser motivo para otra entrada, para más adelante. De momento me quedo con cuánto azar es aceptable y cómo debe estar implantado.

      Gracias por leer y comentar 🙂

  2. Nunca he entendido a los que dicen que la inteligencia (=estrategia?) del buen jugador tiene que estar por encima de todo, sin que te tenga que ayudar/perjudicar la suerte/mala-suerte del azar (dados, cartas, ..). Se suele poner como ejemplo el ajedrez, al que en su día se le elevó(?) a la categoría de deporte, y hoy día algo parecido se ha hecho con el poker, alegando que lo importante es la estrategia y no las cartas que te entran.
    En mi opinión, en todos los juegos (anque se llamen deportes) hay azar. En el ajedrez lo encontramos en las posibles jugadas (de respuesta) del contrario. En el poker está, obviamente, en las cartas, y no puedes desarrollar una estrategia ganadora (estrategia maestra?), tendrás que adaptarte a las cartas que tengas. Generalizando, hasta en el deporte rey (el futbol, claro) los equipos buenos, a veces, también pierden. ¿por qué será?
    Y es que, aunque le llamen deporte, sigue siendo un juego (como otro cuaquiera, aunque algunos vivan de ello como negocio).

    • Gracias por el aporte; la observación de los deportes es muy buena, no me había fijado. He jugado muchos años a baloncesto, y creo que también se pueden cometer errores azarosos, como por ejemplo meterse una canasta en propia. Sí, me ha pasado ;D

      De todas formas tampoco es nada agradable que el azar determine totalmente (pongamos que en más de un 70%) tus opciones de victoria.

  3. Estoy de acuerdo con Charly. En todos los juegos, como en la vida, juega el factor azar. Y no me refiero a la suerte: la buena o mala suerte se la hace uno mismo, siguiendo uno u otro camino, como en el Carcassonne.

    La vida es un juego de gestión de recursos, que te puede llevar a la mendicidad o a poseer un barco de acero. A hacer carrera en la política de lavilla o hacerte, cuál agrícola, una cabaña de adobe bien digna, y ser feliz. O incluso a proclamar la guerra a tu vecino, como en el 7 wonders. En definitiva, la vida es un eurogame, aunque a veces se vuelve un poco ameritrash con tanto villano y héroe, y viceversa, e incluso un juego abstracto, cuando las piezas no encajan o no consigues entender con un palmo de narices por qué eso era un Set.

    No todo depende de las cartas que te hayan tocado: debes saber jugarlas, con precaución pero con el pulso firme, a veces con una sonrisa y otras con cara de poker. A barajarlas bien 🙂 Saludos.

    • ¿La buena suerte se la hace uno mismo? ¿Dónde habré oído yo eso? 😀

      La vida no es un eurogame, meeple, ¿y sabes por qué? Porque en los eurogames todos los jugadores comienzan con los mismos recursos.

      Y lo de barajar bien, ya sabes: ¡déjalo en mis manos! 🙂 besos

  4. Las posibilidades de la vida son infinitas, y no creo que nuestra mente llegue a alcanzarlas nunca. Son millones los factores que conocemos que hacen que nada habría sido igual si tan solo un ínfimo detalle hubiera sido diferente, pero son más aún los factores que desconocemos. Sin embargo, aunque todo esto nos haga únicos, aunque seamos el reflejo de lo que hemos sido poco a poco, somos lo suficiente como para poder decidir cómo controlar aquello que no podemos controlar, y por qué no, esto es una de las cosas más bellas de la vida 🙂 Quien es hábil en adaptación, se evitará muchas curvas en su camino. Un saludo

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