El que se obsesiona con la victoria

Garry Kasparov se colgó a sí mismo la etiqueta de “peor perdedor de la historia”. Se sintió tan humillado por la derrota contra la computadora Deep Blue que se retiró a Inglaterra durante un año a meditar sólo sobre eso.

Es bastante fácil, en el mundo lúdico (y también en nuestro día a día) encontrarnos con toda una serie de personas a las cuales sólo les vale ganar. La derrota, en sus mentes, no es un escenario posible. Aunque si llega a producirse, ello les provoca un enorme sentimiento de culpabilidad que conduce de forma inexorable hacia la autoflagelación, que puede durar días, semanas o incluso meses. No traten de consolarles: es misión imposible.

Antes de continuar, me gustaría dejar muy claro que el obseso del ganar no tiene nada que ver con un tramposo que cree en la victoria a cualquier precio. Ni mucho menos. A diferencia del tramposo, que tiene serios problemas de autoestima, el ganador nato tiene un ego demasiado grande como para dar cabida a algo tan manido y de bajo perfil como las trampas. Él quiere una victoria limpia e inapelable. Desea que, cuando explore su conciencia, sólo encuentre motivos para la autosatisfacción. Ganar tiene que ser sólo mérito suyo, o no le valdrá para nada.

De hecho, es probable que incluso se sientan molestos cuando vencen por culpa de un despiste del contrario, por un golpe de buena suerte o simplemente porque el adversario no se tomaba el juego tan en serio como él. Cuanto más fuerte sea el rival a batir, tanto mejor.

Como los obsesos de la victoria son seres humanos, pueden equivocarse y perder. El camino que deben recorrer entonces es largo y arduo. Generalmente suele ser un amplio período de tiempo en hibernación mental, analizando qué han hecho mal, y qué podrían haber hecho mejor. “¿Por qué he perdido?”, es la frase que retumba de forma obsesiva en el interior de sus mentes. Son poco amigos de buscar excusas y de echar la culpa a los demás, aunque su actitud acaba siendo molesta para la gente de su alrededor, porque tiene tintes de ser maníaca.

El que se obsesiona por la victoria es también un verdadero fan de las revanchas. Siempre que sea posible pedirán repetir la partida… Los mismos rivales, el mismo juego, y a ser posible las mismas circunstancias. No acostumbran a ser derrotados una segunda vez. Le han dado tantas vueltas que es muy difícil encontrar algo que escape. Necesitan demostrar, no a los demás, sino a sí mismos, que son capaces de superar cualquier situación.

Si algo tienen de bueno los que nunca quieren perder es que no ven ningún obstáculo, ninguna barrera. A menudo, los juegos que más nos gustan son aquellos que se nos dan bien. Difícilmente nos aficionaremos a un juego al cual perdemos siempre. Pero los “antiderrotas” no son así. Un juego que se les da mal es un reto para ellos, y no pararán hasta dominarlo. Su mente extraordinariamente analítica dará vueltas y vueltas al juego hasta que encuentren una forma de “romperlo”, como solemos decir.

Pero también tienen un lado malo, y este es lógicamente su mal perder. Una persona que se culpa en exceso de sus propios errores (más aún si consideramos que son insignificantes) suele ser poco agradable. En esta vida, hay pocas cosas tan peligrosas como un ególatra con el orgullo herido.

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Publicado el 3 junio 2012 en General y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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